La protección del medio ambiente mediante el tratamiento de los residuos no es solo una cuestión ecológica o incluso ética, sino que también es una oportunidad económica y social. Desde la campaña Salobreña Sostenible se promueve así la economía circular, un modelo que propone cambiar la forma en la que producimos, consumimos y gestionamos los recursos, y que puede convertirse en una fuente de trabajo y desarrollo, especialmente a nivel local.
Hasta ahora hemos vivido en un sistema de economía lineal basado en extraer, producir, usar y tirar, que ha generado grandes cantidades de residuos, agotamiento de recursos naturales y contaminación. La economía circular propone, por el contrario, cerrar el ciclo de los materiales, mantenerlos en uso el mayor tiempo posible y reducir al mínimo los residuos. Ello implica reducir lo que se consume y evitar lo innecesario, reutilizar productos siempre que sea posible, reparar antes de desechar y reciclar para que los materiales vuelvan al sistema productivo. En definitiva, se trata de cambiar la mirada y entender que los residuos no son basura, sino recursos con valor económico, social y ambiental.
Según explica Tomás Mori Rossi, técnico ambiental de la campaña, uno de los aspectos más interesantes de la economía circular es su enorme potencial para generar empleo. A diferencia del modelo lineal, que tiende a automatizar y a concentrar la producción, la economía circular requiere más personas y más saber hacer en cada fase del proceso, por lo que puede generar trabajo en ámbitos como la recogida selectiva y gestión de residuos; clasificación, tratamiento y reciclaje de materiales; reparación de electrodomésticos, muebles, textiles o bicicletas; reacondicionamiento y venta de productos de segunda mano o innovación en nuevos materiales y procesos. Muchos de estos trabajos no pueden deslocalizarse y requieren mano de obra cercana, por lo que aportan estabilidad y valor al territorio. Además, este modelo favorece el emprendimiento local, las cooperativas y las pequeñas empresas vinculadas a la sostenibilidad.
La economía circular no solo implica al ámbito productivo, sino que empieza en casa, cada vez que decidimos reparar antes de tirar. Se aboga por dejar atrás el hábito del ‘usar y tirar’ y apoyar oficios locales como la reparación y el mantenimiento. Y a la hora de comprar, se trata de no hacerlo en mayor cantidad, sino en hacerlo mejor, ya que la economía circular no va solo de reciclar, sino de consumir con más conciencia. Por ejemplo, eligiendo productos duraderos aunque cuesten un poco más, comprando de segunda mano, apostando por comercios locales frente a grandes plataformas o consumir de forma menos impulsiva y más responsable.
La correcta separación de los residuos es otra práctica fundamental dentro de la economía circular, pues permite que los materiales vuelvan al sistema productivo.
Entre esas costumbres que podemos implementar desde casa se encuentran usar correctamente los contenedores, no mezclar residuos que dificulten el reciclaje, o llevar pilas, bombillas o aparatos eléctricos a puntos limpios. También se recomienda evitar productos de un solo uso, usar bolsas reutilizables y botellas rellenables, comprar a granel siempre que sea posible o reutilizar envases de vidrio o plástico.
La economía circular, en definitiva, nos invita a cambiar la mirada, viendo valor donde antes veíamos residuos, y oportunidades donde antes solo había problemas. Cuidar el planeta no es solo una responsabilidad ambiental, también es una oportunidad para construir un futuro con más empleo, más innovación y más equilibrio.

















