La noche en la que España volvió a conquistar el mundo quedará grabada en la memoria de Salobreña para siempre. Apenas sonó el pitido final que certificaba la victoria de la Selección Española frente a Argentina por 1-0, la Villa comenzó a transformarse en un escenario para la celebración. La segunda estrella ya era una realidad y cientos de vecinos no tardaron en abandonar sus casas para compartir un momento que, 16 años después del primer título mundial, volvía a unir a varias generaciones bajo los mismos colores.
La emoción contenida durante los 120 minutos de partido dio paso a una explosión de alegría cuando Ferrán Torres, en la segunda parte de la prórroga, marcó el gol que decidió la final. Mientras en el estadio de Nueva Jersey los jugadores españoles levantaban la Copa del Mundo, en Salobreña empezaban a escucharse los primeros cánticos, las bocinas de los vehículos y los aplausos que anunciaban una noche de fiesta.
Las calles del centro se fueron llenando poco a poco de aficionados vestidos con la camiseta de la selección, banderas al viento y bufandas rojigualdas. Familias enteras, grupos de amigos y jóvenes recorrieron el municipio entre abrazos, fotografías y canciones dedicadas a la nueva campeona del mundo, en un ambiente festivo que convirtió cada rincón en una prolongación de la celebración.
Como ya ocurriera en otras grandes citas deportivas, el corazón de la fiesta volvió a latir en la fuente de la plaza de Goya. Allí confluyeron centenares de personas que hicieron de este espacio el epicentro de la celebración. Entre cánticos, aplausos y banderas ondeando sin descanso, los aficionados festejaron una gesta que devuelve a España a lo más alto del fútbol mundial y que amplía un palmarés histórico con un segundo Mundial.
La fiesta se prolongó hasta bien entrada la madrugada. Lejos de apagarse con el paso de las horas, la emoción continuó llenando las calles de Salobreña en un homenaje espontáneo a una selección que vuelve a escribir una página dorada en la historia del fútbol español. La Villa respondió como en las grandes ocasiones: unida, orgullosa y volcada con un equipo que ya luce para siempre su segunda estrella en el pecho.























