Y Salobreña se convirtió al Rock

Hoy hace 40 años del I Festival de Rock que reunió a miles de jóvenes en el Castillo Árabe de la Villa

Cartel original del Festival.

Hoy hace 40 años que Salobreña vivió un gran acontecimiento que jamás volvió a repetirse: El 13 de agosto de 1979 se celebró el I Festival de Rock de Salobreña. Y además en un espacio único como el Castillo árabe. Fue un evento multitudinario que movió a miles de personas, la inmensa mayoría jóvenes, que llegaron de diversos puntos de Andalucía y del resto de España al reclamo de un cartel en el que figuraban dos de las bandas que más sonaban entonces: Guadalquivir, que se había formado un año antes en Sevilla y que aquel 1979 dio 120 concierto por todo el país, y Leño, grupo madrileño que, capitaneados por un jovencísimo Rosendo Mercado, destilaban un Rock muy básico con gran fuerza rítmica y una guitarra brillante, además de letras reivindicativas y críticas. Junto a ellos, La Banda de los Hermanos Cruz, que desde Granada traían una mezcla de Jazz Rock y Rock sinfónico, y los jiennenses Trauma, Rock sinfónico puro y duro. Y se ve que el cartel resultó atractivo, ya que a decir de los organizadores, 4.000 personas pasaron por taquilla.


Organizadores del Festival posando en la actualidad.

CENTRO DE JUVENTUD

Los organizadores eran un grupo de jóvenes del pueblo que se aglutinaban en torno al llamado ‘Centro de Juventud’, una Asociación que daba cabida a jóvenes de entre 18 y 25 años, ni más ni menos, que venían ya de atrás haciendo bailes de fin de semana, excursiones, clubs de lectura, concursos y, en fin, todo aquello que pensaban podría interesar a un colectivo que en aquellos tiempos estaba escaso de diversión, entretenimiento y actividades culturales.

El Club se sostenía con las cuotas de sus socios y con lo que sacaban de la explotación de la barra del Paseo en verano. El caso es que aquel verano había bastante dinerillo en la caja. Y pensando pensando discurrieron organizar un concierto de Rock o algo parecido. La idea surgió de Colin, que formaba parte de la directiva junto con otra veintena de chavales ávidos de hacer cosas, y les pareció bien a todos, que se pusieron manos a la obra. Contactaron con gente del Rock, como Eduardo Cruz, que se convirtió así en colaborador del evento. Y entre unos y otros localizaron a los grupos. Y echaron números. Y vieron que el presupuesto excedía el superavit con que contaban. Aun así se arriesgaron. Solicitaron los permisos correspondientes al Ayuntamiento, que en una primera instancia se mostró remiso, no así al segundo intento, que ya dio el placet, aunque con una serie de condiciones, entre ellas, “que no se tronchara una planta” y que no se vendiera alcohol (escrito autorización). Aquí destacan la empatía del alcalde, Manuel Pérez Cobos, que apenas llevaba tres meses en el cargo, tras ser elegido en las primeras elecciones democráticas del 3 de abril de aquel año.

 “Yo trabajaba de Pinchadiscos entonces y propuse organizar un festival de Rock que diera un poco de vida al pueblo, que estaba muy apagado. Y resultó un brochazo de color en un pueblo gris”, recuerda Colin

El presidente del Centro era entonces Antonio Vargas, al que ya entonces apodaban “Yogui”, quien, por cierto, no pudo asistir al festival por el fallecimiento repentino de su padre el día anterior. Quien esto recuerda es Paco Llanas, cuyo cargo era el de Responsable de Actividades Recreativas y que demuestra una memoria a prueba de bombas.


Acta del Ayuntamiento de Salobreña correspondiente al 9 de agosto de 1979.

 “Aquel verano no cogimos la barra de la Pista del Paseo, así que estábamos pensando qué hacer, cuando Colin hizo la propuesta. Una vez contactados los grupos elegidos comprobamos que con el superavit del Centro no alcanzaba para cubrir el presupuesto; pero pensamos que quien no se embarca no se marea. Lo único que puede pasar es que si no se sacan dineros no vamos a pagar y si no pagamos no vamos a la cárcel porque somos menores de edad”, suelta de carrerilla Paco en plan sarcástico.

El caso es que se pagó y sobró dinero. Y todo salió a la perfección, no hubo el más mínimo incidente. La propia directiva del Club hizo de servicio de seguridad, pero nadie intentó siquiera colarse por los lugares habituales roca arriba, “cosa que en otros eventos de otros tipos de música sí ocurrían, y también peleas. Aquí, nada, reitera orgulloso Paco, quien, por su parte, estuvo al cargo de la barra. La barra, por cierto, hubo que montarla abajo, junto a la jaula del león, el famoso Jimmy, porque la plaza de Armas, las almenas, todo se abarrotó.

“Cuándo van a abrir las puertas?”

Y es que una hora antes del festival nadie sabía qué iba a pasar. Los organizadores estaban en la torre tras el escenario, que se había habilitado como camerinos. Fue entonces cuando se escuchó una voz preguntando que cuándo iban a abrir las puertas. Las escaleras de subida eran un río de gente. NO cabía un alfiler. Y fueron desfilando los miles y miles de jóvenes, que poco a poco “tomaron pacíficamente” el Castillo. También la barra. Se agotaron las existencias. Al final se conformaban con bocadillos de pan con pan o incluso de higos, rememora Paco.

Eduardo Cruz recuerda que el contrato con Guadalquivir lo cerró unos días antes en Almería. Allí habían coincidido los sevillanos y la Banda de los Hermanos Cruz en un festival. “Fue fácil. En un descanso de las pruebas de sonido coincidí en los servicios con Andrés Olaegui, el guitarrista y le pregunté a bocajarro si querían venir a Salobreña y por cuánto. Hubo acuerdo inmediato. Y encima nos descontaron la comisión, echa la vista atrás el batería de la Banda granadina, quien también se encargó de contratar a Trauma. Norberto, el batería de la banda de Jaén asegura que por su actuación en aquel festival cobraron 90.000 pesetas, “que era un pastón”, se emociona al recordarlo, así como que se lo gastaron todo en comer, dormir y más de una juerga. Trauma eran muy muy jovencitos entonces.

Desde por la mañana estaba el ambiente armado. Los primeros en llegar fueron Trauma y la Banda de los Hermanos Cruz. Norberto recuerda que cuando ya tenían todo montado, los Guadalquivir lo apartaron para montar su equipo. Al final los de Jaén y los de Granada se apañaron con sus equipos como pudieron; las estrellas eran las estrellas. Claro que Leño estaban triunfando entonces tanto o más que Guadalquivir y no dieron ni un ruido. Además los mismos músicos se montaron su propio equipo, lejos de los divismos de otros. Sonaron muy bien, eso sí, tanto los sevillanos como los madrileños. Aunque la primera sorpresa se la llevaron Trauma, que comenzaron con un larguísimo tema, 18 minutos, que no sabían cómo iba a encajar en el público. Aplaudieron a rabiar, entregados que estaban desde el principio.

Quizá el único sobresalto fue la bajada de pantalones, literal, del batería de Leño en un momento de su concierto. “Es parte del Show”, respondió Colin a los políticos, escandalizados en primera fila.

Aquella noche memorable de hace 40 años acabó a las seis de la mañana con un mar de sacos de dormir en el Paseo de las Flores y con la mezcla de alegría e incredulidad de aquellos jóvenes salobreñeros del Centro de Juventud que se frotaban los ojos por la gesta de la que habían sido protagonistas.

Y ahora, pasado el tiempo, es cuando llega la pregunta: Por qué si aquello salió tan bien, con tal éxito de público y sin ningún tipo de incidente, nunca hubo II Festival de Rock de Salobreña. Paco Llanas responde que por la falta de apoyo de los políticos al Centro de Juventud y a sus iniciativas. No obstante, reconoce que aquel festival marcó un antes y un después en Salobreña. Algo que corrobora Colin, para quien aquello fue el punto de partida para que Salobreña apostara por los conciertos de artistas de primer nivel y, unos años más tarde, eventos que hoy continúan como el Festival Tendencias.