Antonio Orihuela ha declarado a Radio Salobreña que el monumento presenta importantes deterioros en zonas como la torre vieja, y que las excavaciones podrían sacar a la luz una mansión nazarí.
Imagen del Castillo Árabe tomada desde el Paseo de las Flores.
Los años transcurridos desde el último proceso de restauración del castillo de Salobreña, así como la acción de la grieta que afecta al peñón donde se asienta, hacen necesaria una intervención que debería acometerse en el menor tiempo posible. Así lo considera Antonio Orihuela, investigador del Centro de Estudios Árabes y uno de los autores del proyecto de restauración de la fortaleza, quien ofreció el miércoles una conferencia en el marco del seminario sobre patrimonio y turismo organizado por el Ayuntamiento del municipio costero.
Según el experto, la restauración del monumento «es muy necesaria», ya que el último proceso de restauración se llevó a cabo entre los años cincuenta y setenta del siglo pasado, «pero desde entonces se ha hecho bastante poco, y en algunos sectores estas restauraciones ya sufren deterioro». A ello se suman los movimientos que registra el peñón, que han provocado grietas en uno de sus muros, «que requiere un proceso de consolidación».
Orihuela asegura que la parte del castillo que requiere una intervención más urgente es la conocida como torre vieja, que en una de sus fachadas presenta un «boquete impresionante», según sus propias palabras, por lo que «prácticamente está sostenida en el aire». Por tanto, «requiere de un relleno y de la construcción de un muro que se asiente en roca firme».
El investigador señala que la restauración que se plantea mejorará la imagen del castillo, pues también está previsto «recuperar los niveles de uso del siglo XVI».
Orihuela espera que estas excavaciones que prevé el proyecto saquen a la luz restos arqueológicos importantes. Dado que el castillo salobreñero era utilizado como residencia para los miembros de la dinastía y también como prisión, se cree que podría albergar una mansión Nazarí, tal y como se descubrió en el de Almuñécar.











