Carolyna Alanzor

Nací en la cuidad condal, en Barcelona un 23 de junio. Permitanme que el año lo omita por eso de que una mujer nunca desvela su edad. Mi niñez transcurrió en Badalona en el barrio de Bufalá.

Gracias a la profesión de mi padre (telefonista), cuando sólo tenía 5 años grabé mi primer programa de radio gracias a un contestador automático que me regaló. La marca, la verdad, no la recuerdo muy bien, pero de mis primeros entrevistados  me acuerdo a la perfección. Nada más y nada menos que la familia Flores al completo. Lola Flores, El Pescaílla, Rosario, Lolita y el mismísimo Antonio Flores. Eso sí, no se hacen ni una idea del trabajo que me costó cambiar la voz tantas veces para hacer todos esos personajes diferentes. Además el programa estaba patrocinado y tenía minutos y minutos de publicidad, publicidad que, por supuesto, yo misma grababa.

Mi afición por la radio iba incrementándose conforme iba creciendo, a la vez que mi afición por la música.

Cuando sólo tenía 12 años nos trasladamos a Salobreña y aún recuerdo que lo primero que hice fue enchufar la radio y escuchar a los locutores que me acompañarían en este  nuevo destino.

Con 14 años organicé junto a una amiga una excursión a Radio Salobreña para conocer las caras de los locutores a los que escuchaba cada día. Cuando llegué allí miles de preguntas me asaltaban y todas encontraron respuesta.

A los 15 años, por fin pude ponerme delante de un micrófono.

En el instituto organizaron un taller de radio, al cual por supuesto me apunté buscando una primera oportunidad. Era como esas jóvenes que salen de sus pueblos rumbo a Madrid y hacen miles de pruebas para que algún buen director de cine se fije en ellas.

Junto a dos amigos presentamos al director de Radio Salobreña la idea de un programa. La idea gustó, pero necesitábamos hacer pruebas de voces y de dicción para saber si podríamos ponernos delante de un micrófono y no hacer el ridículo. Tanto mis amigos como yo pasamos las pruebas. En sólo una semana comenzaríamos un programa de radio. Pero antes el público tenía que hacerse con nuestras voces. Para ello nos fuimos un domingo a Radio Salobreña y custodiados en todo momento por José Antonio Domínguez cogimos  por primera vez un micrófono.

Esa noche no pude dormir. Ni se imaginan los nervios. No he pasado más nervios en mi vida. Mi sueño se iba a hacer realidad.

Después de ese domingo comenzamos un programa dedicado a la juventud titulado “Generación” que estuvo casi un año en antena.A ése le siguieron otros como “La Resaca” o “El Guateque”, todos ellos en Radio Salobreña.

Al cabo de algunos años en Radio Salobreña surgió la posibilidad de ir a otra emisora de la costa. Esa sería una gran oportunidad para mí. Dejé la radio de mi pueblo y me fui a Vélez de Benaudalla. Mi periplo allí duró 6 meses y decidí tomarme un año sabático.

Después de ese año  puse rumbo a Almuñécar. Allí conocí un nuevo medio de comunicación, la Televisión; una experiencia que gracias a los maravillosos compañeros que allí encontré me atrajo e hizo del año que permanecí en Almuñécar Televisión algo difícil de olvidar.

Fue al año, cuando de nuevo me llamaron de la Radio de mi pueblo, de Radio Salobreña. No me lo podía creer. Era sólo para hacer una sustitución en verano, pero iba a hacer el programa que más me había gustado siempre: “La Costa en Vivo”. Un magazín en el que podría poner en práctica todo lo que había aprendido en cada uno de los lugares en los que había estado.

Y aquí sigo. conduciendo La Costa en Vivo y haciendo cada día realidad un sueño. El sueño de ser locutora de radio. El sueño de que mi voz pueda alegrar a todas aquellas personas que me escuchan cada día. Y el sueño compartido con mi familia  y todas aquellas que me conocen bien  y que me han apoyado en todo momento. Ellos se han convertido en mis mayores críticos (siempre constructivos) y de vez en cuando amenazan con sacar aquella cinta aún guardada con el programa en el que me visitaba Lola flores y su familia cuando estoy reunida con los amigos en casa. Menos mal que la cinta está en mi poder.

Aquí tienen, el antes y el después. Antes de cumplir un sueño y después, una vez que el sueño se ha cumplido.

Aún me quedan muchos sueños por cumplir. Algunos de ellos podrían ser el guardar junto a mi primer programa y mi primera entrevista una cinta que contuviera una entrevista con mi artista favorito, Manolo García, que me ha acompañado a lo largo de todos estos años ambientando mis sueños con su poesía hecha canción o el estrenar una obra de teatro (por cierto, otra de mis aficiones) en el María Guerrero de Madrid.

¿Quién sabe? Ojalá dentro de algunos años volveré a hablar de mí y en vez de dos fotos tendré que poner otra más con todos, absolutamente todos mis sueños cumplidos.

Gracias por acompañarme todos estos años.

Que sean muy felices y que todos sus sueños se hagan realidad. Les aseguro que es posible.