El Encuentro Artepeazos cumple ya una semana en marcha. Los escultores y muralistas avanzan en sus creaciones y la mayoría de ellos están plasmando lo que Salobreña y su entorno les inspira.
Ese es el caso de la barcelonesa Alba Fabre, quien llegó hace unos días a nuestro pueblo sin boceto. Se ha dedicado a preguntar a vecinos, visitar espacios y el tema que volvía una y otra vez es la conocida leyenda de las tres princesas de Washington Irving incluida en sus conocidos ‘Cuentos de la Alhambra’ y su relación con Salobreña, por lo que la artista se ha decidido a estampar en una fachada de la calle Jaques Cousteau a la hermana que quedó prisionera en la torre de la Alhambra, Zorahaida.
Alba Fabre ha dicho que está encantada con el pueblo y que se encuentra muy a gusto. Ha destacado el gran interés que despierta el arte entre los vecinos y ha valorado Artepeazos como una gran oportunidad no solo para los artistas, sino también para Salobreña como lugar de referencia de arte urbano.
Su trabajo mural se caracteriza por un estilo figurativo, cercano al impresionismo, en el que la luz, el color y la forma son elementos fundamentales. Su narrativa tiende a centrarse en un punto de vista psicológico, utilizando escenas cotidianas con las que intenta reflejar relaciones humanas desde un contexto introspectivo.
En la parte escultórica, la artista italiana Selene Frosini está trabajando una composición fiel a sus principios como artista, dejando a la vista señales de vida de la piedra con formas y líneas que sacan al exterior la viveza interna de esta materia natural. Está realizando una ventana dejando el exterior natural, y en la parte interior realiza una parte orgánica que representa las entrañas de la roca.
Frosini tiene su propio lenguaje escultórico y no le gusta trabajar con una idea previa. Se enfrenta al material en el momento y deja que las ideas fluyan, impregnadas del entorno, hasta conseguir el resultado final. La artista explora un mundo íntimo donde los vínculos y sentimientos se materializan en fragmentos de mármol recuperado. A partir del residuo, Selene Frosini reconstruye formas que revelan la “fragilidad robusta” de la existencia, creando esculturas que habitan un territorio entre lo interno y lo colectivo.

















