La Escuela de Verano del programa Salobreña Educa llega hoy a su fin con un balance muy positivo después de dos meses de actividades dirigidas a los escolares de la Villa. El programa ha permitido a cientos de familias contar durante julio y agosto con un recurso de conciliación y, al mismo tiempo, con un espacio de ocio, convivencia y aprendizaje para sus hijos a cargo de la empresa Aula 10.
En Salobreña, el colegio Segalvina ha concentrado la mayor parte de la actividad. El programa registró 154 escolares inscritos en julio y 152 en agosto, superando las 300 inscripciones a lo largo de los dos meses. En Lobres, el colegio Cervantes acogió durante julio a otros 19 menores.
La teniente de alcalde y concejala de Educación del Ayuntamiento de Salobreña, Mari Carmen Rodríguez Callejón, ha hecho una valoración muy positiva de una iniciativa que, según explica, ha ofrecido durante todo el verano un espacio seguro de ocio educativo, socialización y apoyo a las familias.
La concejala destaca que uno de los principales objetivos ha sido facilitar la conciliación familiar y laboral, pero también mantener durante las vacaciones una continuidad educativa desde una perspectiva lúdica. Para ello, el programa ha combinado deporte, juegos, talleres y actividades de convivencia, trabajando además valores como la igualdad, el respeto a la diversidad y la cooperación.
La programación se ha organizado por semanas temáticas, con propuestas dedicadas al Mundial de Fútbol, los Piratas, los Superhéroes y el Circo. A ellas se han sumado manualidades, juegos cooperativos, dinámicas de grupo y actividades deportivas. Los tradicionales castillos de agua y cañones de espuma han sido, como cada verano, uno de los grandes atractivos para los participantes.
Uno de los elementos que ha marcado esta edición ha sido la apuesta por la inclusión. En julio, siete escolares con necesidades específicas de apoyo educativo participaron en el programa de Salobreña, cifra que ascendió a doce en agosto. En Lobres fueron atendidos otros dos menores con NEAE.
Estos alumnos han participado en las mismas actividades que el resto de sus compañeros, con las adaptaciones necesarias y el apoyo de profesionales especializados. El objetivo, explica Rodríguez Callejón, ha sido que las necesidades particulares de cada menor no supusieran una barrera para su participación en las propuestas de la Escuela de Verano.
Para ello se ha contado con monitores de apoyo y profesionales con formación en diferentes ámbitos educativos y sociales. En Salobreña han trabajado once profesionales, mientras que en Lobres lo han hecho otros dos, con perfiles vinculados a la Psicología, Educación Infantil y Primaria, Educación Física, Integración Social y ocio y tiempo libre.
La Escuela de Verano ha funcionado desde las 7:45 hasta las 15:15 horas, incluyendo aula matinal, actividades y comedor. El servicio de comedor ha contado con 20 usuarios en julio y 18 en agosto, mientras que el aula matinal ha permitido ampliar la atención desde primera hora de la mañana.
En julio, 12 menores utilizaron el servicio de aula matinal a las 7:45 horas y otros 59 se incorporaron a las 9 horas. En agosto fueron 11 y 52, respectivamente.
La organización por grupos de Infantil y Primaria ha permitido adaptar las actividades a las diferentes edades y ofrecer una atención más cercana, favoreciendo también la convivencia entre los participantes.
Rodríguez Callejón considera que el desarrollo de la Escuela de Verano ha sido muy satisfactorio y subraya que apenas se han producido incidencias durante estos dos meses.























