La Capilla de San Luis de Salobreña acogerá este sábado 28 de marzo, a las 20 horas, la presentación del libro ‘Beato Lorenzo Juan Palomino Villaescusa’, una obra de investigación del vecino salobreñero Juan Villaescusa Gutiérrez que profundiza en la vida y legado de este religioso con el que le unían lazos familiares.
El acto servirá para dar a conocer un trabajo fruto de años de recopilación y estudio, centrado en la trayectoria vital de Lorenzo Juan Palomino, un sacerdote salobreñero cuya labor social, especialmente con los más necesitados, dejó una profunda huella tanto en España como en Argentina.
Durante una entrevista en Radio Salobreña, el autor ha explicado que esta publicación no es fruto de un trabajo reciente, sino de una inquietud que le acompaña desde la infancia. “El tronco de la información lo tenía en mente desde niño, gracias a los relatos familiares, especialmente de mi madre”, ha señalado Villaescusa, quien ha completado esa base con documentación histórica para dar forma definitiva al libro.
La obra recorre la vida de Lorenzo Juan Palomino, quien sintió una vocación religiosa tardía y destacó por su brillante trayectoria académica en el seminario. Posteriormente desarrolló una intensa labor pastoral y social, especialmente durante su estancia de 15 años en Argentina, donde fue conocido como “el cónsul de los pobres” por su dedicación a las personas más vulnerables.
El libro también aborda su regreso a Salobreña, donde impulsó iniciativas sociales pioneras como la creación del primer sindicato obrero o una alhóndiga para mejorar la comercialización agrícola. Según el autor, se trata de “un hombre muy adelantado a su tiempo”, cuya prioridad fue siempre ayudar a los demás.
Uno de los capítulos más destacados se centra en los acontecimientos vividos durante la Guerra Civil, periodo en el que fue perseguido, obligado a esconderse en varias ocasiones y finalmente fusilado en agosto de 1936. Villaescusa ha subrayado la falta de lógica en su trágico final: “No tiene explicación que una persona que se dedicó a ayudar a los demás acabara así”.
Además del valor histórico, el autor pone el acento en la dimensión humana del protagonista, ya que más que el valor eclesiástico, quiere destacar “su valor humano y el legado que dejó, recordando también su papel en la preservación de archivos históricos locales”.
El beato fue párroco de la Villa, y desde abril de 2025 cuenta con una calle con su nombre en el casco antiguo, justo en el lugar donde vivió. También es Hijo Predilecto de Salobreña a título póstumo por acuerdo plenario desde el año 2021.








