El anejo de Lobres volvió a lucir anoche con todo su esplendor gracias a la luz de miles de velas que iluminaron calles, plazas y rincones emblemáticos, en una edición marcada por el aplazamiento previo y la incertidumbre meteorológica, pero que se saldó con un balance muy positivo de participación y asistencia.
El cambio de fecha se dejó notar en algunos detalles, especialmente en la decoración de determinadas viviendas, donde se observó una ligera disminución respecto a años anteriores. No obstante, esta circunstancia se vio compensada por la incorporación de nuevas casas y espacios decorados por vecinos que se sumaron por primera vez a esta experiencia.
La afluencia de visitantes fue muy numerosa durante toda la velada. Aunque el viento apagó algunas velas en determinados momentos, este hecho forma parte de la esencia de la actividad, que apuesta por el uso de velas reales para crear una atmósfera auténtica, cálida y mágica, especialmente en espacios como la plaza junto al piano.
La plaza de la Candelaria sobresalió una cuidada decoración, la proyección de un vídeo y el ofrecimiento de bebidas y palomitas a los asistentes, un gesto de hospitalidad que también se repitió en otros enclaves del municipio.
El éxito del evento fue posible gracias a la implicación de colectivos como el AMPA, la asociación de vecinos, los mayordomos de Lobres, la parroquia, el Centro de Mayores y el personal municipal, además de los músicos participantes, que aportaron un valioso componente cultural a la noche.
El concejal de Lobres, Nelson Ligero, destacó el valor que ha adquirido la iniciativa tras seis años de celebración. “Este evento es ya un tesoro inmaterial que Lobres ha ido forjando gracias al esfuerzo de nuestros vecinos. Nace del corazón del pueblo y lo representa plenamente”, afirmó. Asimismo, expresó su deseo de que la cita se consolide como una tradición más del calendario local.

















