La alcaldesa de Salobreña valora positivamente su primer año de gobierno en la actual legislatura, con una buena relación con sus socios de coalición

Destaca la labor realizada hasta que la pandemia paralizó todo, aunque ya se han retomado algunas actuaciones y se espera ir recuperando de a poco la normalidad.

María Eugenia Rufino en el pleno de investidura.

Ayer se cumplió un año desde la constitución de los ayuntamientos en toda España, y en el caso de Salobreña se trata del primer año del segundo mandato de la socialista María Eugenia Rufino como alcaldesa. En esta legislatura no lo hace en solitario como en la anterior, sino en coalición con IU, en un acuerdo de gobierno que considera “muy positivo”.

Es momento de hacer balance de este año, que bien podría delimitarse a comienzos del mes de marzo, ya que la llegada de la pandemia trastocó todos los planes previstos y obligó a dirigir los esfuerzos a luchar contra ella y a atender las emergencias sociales derivadas.

Rufino señala que desde el inicio del mandato se priorizó la limpieza del municipio, que conlleva una “interrelación entre muchas áreas”, ya que según reconoce “era nuestro talón de Aquiles, y era donde teníamos que volcarnos con independencia de quién lleve cada área”. La alcaldesa asegura que con IU, responsable del área de limpieza, se trabajan en un marco de “total respeto, comunicación y trabajo conjunto”.

También se ha referido a la relación mantenida con la oposición, que cuenta con cinco formaciones políticas, y ha destacado el “contacto fluido” entre toda la corporación, ya que esos grupos “me tienen a su disposición para lo que necesitan”. En su opinión, “la relación es buena”, más allá de los proyectos políticos diferentes de cada uno.

La primera edil salobreñera recuerda que hasta septiembre de 2019 compaginó ese cargo con el de presidenta de la Mancomunidad, así como puestos en otros organismos como la Comisión de Igualdad de la FEMP, el Consejo Territorial del Catastro, el Consejo Andaluz de Turismo o el Consejo Rector del Puerto, que “abren puertas al municipio” para trabajar en diferentes líneas.

En esos primeros meses de mandato se continuaron las obras de rehabilitación integral en el Casco Antiguo, se iniciaron las de la calle Antequera y también las de la Zona Verde Norte del Plan Parcial Playa o el parque de Libertad. También se acometió una reestructuración en la Policía Local para darle “estabilidad al cuerpo” e iniciar una negociación colectiva “que ya empieza a ver sus frutos”, y en ese tiempo se siguieron gestionando con otras administraciones infraestructuras importantes como el espigón y la rehabilitación del paseo marítimo, así como el nuevo centro de salud. También se puso en marcha la comisión para la peatonalización del Casco Antiguo.

Cuando la legislatura comenzaba a tomar “velocidad crucero”, llegó la pandemia que obligó a aparcarlo casi todo para priorizar la salud, afirma María Eugenia Rufino. Y aclara que “aún no ha pasado”, si bien ya se está retomando el ritmo.

Esta situación ha obligado a paralizar todas las obras, aunque varias ya se han retomado, como la de la calle Rosario, que no obstante volverá a paralizarse durante el verano. La vía quedará operativa, mientras que quedará un pequeño tramo pendiente que se dejará para septiembre. Una obra que continuó fue la del depósito de agua de Matagallares, donde actualmente se están realizando pruebas de funcionamiento.

Respecto a la rehabilitación del paseo de las Flores, está pendiente la remisión de un informe de Cultura, que en su momento puso algunos condiciones que fueron subsanados por el Ayuntamiento. Luego llegó la pandemia y se paralizó el proceso, por lo que se está a la espera de una respuesta para intentar retomarlo.

María Eugenia Rufino también se ha referido a la situación de los terrenos hoteleros del TH1, que se ha quedado en suspenso por la crisis sanitaria, aunque “no hay en absoluto” intención de abandonar el proyecto, al igual que en el hotel que se proyecta en El Pargo.

En el aspecto económico, Rufino destaca que se ha reducido la deuda del municipio gracias al superávit del ejercicio anterior, que ahora sí se podrá emplear en proyectos relacionados con la recuperación económica tras la crisis, aunque no se sabe aún en qué medida se podrá disponer de él. Señala que le genera cierta “impotencia” el contar con un dinero que se debe destinar a solventar deuda, cuando se podría emplear en otras cuestiones más prioritarias como la generación de empleo.

Por lo demás, el Presupuesto de 2020 se ha reconvertido y “se ha tenido que rehacer” debido a la situación sanitaria, “eliminando unas cosas y priorizando otras”. Señala asimismo que el paquete de medidas económicas tomadas por el estado de alarma terminarán mermando los ingresos de manera importante, por lo que “no se podrá disparar con pólvora de rey”.