Una conferencia este viernes en la Biblioteca analizará la evolución del castillo de Salobreña de alcazaba palatina nazarí a fortificación castellana

Será a las 8 de la tarde y estará impartida por Julio Navarro y Antonio Reyes Martínez, del Laboratorio de Arqueología y Arquitectura de la Ciudad de la Escuela de Estudios Árabes del CSIC, quienes participaron en los últimos trabajos de restauración y puesta en valor del monumento salobreñeroCastillo Árabe de Salobreña.

En la Edad Media las principales ciudades estaban amuralladas, pues era la forma habitual de protección, y solían tener un alcazaba, un recinto donde residía la autoridad y que a su vez estaba también separado por murallas del resto de la ciudad. Salobreña contó en su día con una muralla que rodeaba el núcleo de población, mientras que la alcazaba si situaba en la parte más alta, lo que hoy conocemos como el castillo.

Julio Navarro, uno de los ponentes de mañana, asegura que Salobreña era una ciudad secundaria que contaba con un puerto importante, mientras que su alcazaba acogió durante largos periodos a la familia de los sultanes nazaríes, especialmente en los siglos XIV y XV. Por ese motivo, en su interior se desarrollaron diversas dependencias que llevan a afirmar a día de hoy que se trataba de una alcazaba palatina, según explica Julio Navarro.

Estos descubrimientos han permitido no solo añadirle valor histórico y turístico al castillo de Salobreña, sino también obtener una importante información arqueológica, consiguiendo sacar a la luz prácticamente toda la planta de lo que fue el baño palatino. Y es que el palacio se situaba en una cota más alta y fue destruido a lo largo del tiempo, no quedando prácticamente nada de él, asegura Navarro.

La fortaleza comparte estas características con el Palacio de Comares de la Alhambra, incluyendo la torre cuba que se proyecta hacia el mar, que en la Villa fue luego reconstruida en época castellana, y que cumplía la misma función. Por tanto, el arqueólogo afirma que “en Salobreña tenemos un Palacio de Comares en pequeño”, que además tuvieron a los mismos sultanes como constructores. Sin embargo, lamenta que en la localidad costera queda muy poco de esa edificación, a diferencia de la Alhambra.

Todo ello, según Navarro, representaba “una arquitectura del poder” que se podía apreciar desde el puerto, con la que “se ponía de manifiesto la potencia y la capacidad que tenían los sultanes nazaríes en Granada”.