Liberan en La Guardia a una tortuga boba rescatada en malas condiciones sanitarias

El ejemplar fue hallado en la playa de Motril el pasado 27 de julio. Presentaba desnutrición, una condición corporal delgada y una lesión profunda con pérdida de tejido muscular. 

Inmaculada Oria en compañía de la alcaldesa de la Villa durante la suelta de la tortuga.

El espléndido marco de la playa de La Guardia, en una jornada digna de temporada de vacaciones, ha sido escenario esta mañana de la liberación de un ejemplar de tortuga boba que había sido rescatado en la Costa este verano en muy malas condiciones de salud. Tras un periodo de rehabilitación, el animal ha vuelto a su ámbito natural para continuar su ciclo vital.

La delegada provincial de Medio Ambiente, Inmaculada Oria, en compañía de la alcaldesa de la Villa María Eugenia Rufino, ha sido la encargada de la suelta de esta tortuga que actualmente pesa casi 3 kilos. Tras ser depositada en la arena, se ha dirigido sin rodeos previos hacia la orilla y se ha introducido en el mar.

El ejemplar fue hallado en la playa de Motril el pasado 27 de julio con síntomas graves de desnutrición y un peso de 1,2 kilos. Tras ser recogido y custodiado por un agente de Medio Ambiente, fue trasladado al Centro de Gestión del Medio Marino (CEGMA) del Estrecho, en Algeciras, donde fue atendido de los múltiples problemas que presentaba.

Su devolución al mar ha tenido lugar en la playa de La Guardia por ser limítrofe con la Zona de Especial Conservación de los Acantilados y Fondos Marinos Tesorillo-Salobreña, donde esta tortuga boba encontrará las condiciones de hábitat idóneas para su desarrollo.

Por su parte, la alcaldesa de Salobreña ha celebrado la elección del municipio como lugar para la liberación de esta tortuga, destacando que cuenta con espacios idóneos en materia de diversidad marina.

Además de desnutrición y una condición corporal delgada, esta tortuga presentaba una lesión profunda con pérdida severa de tejido muscular en la región cervical cuyo motivo se desconoce. También tenía una pequeña colonia de moluscos y crustáceos adheridos a la piel y al caparazón que le causaban diversos problemas, como impedirle una natación normal. Para solucionarlo se sumergió al animal en agua dulce durante dos o tres días, con lo que el parásito muere y se facilita su retirada.

Durante su estancia en el centro perteneciente a la Consejería de Medio Ambiente, se procedió a la curación de la lesión cervical hasta completar el proceso de cicatrización, se le realizaron varias analíticas sanguíneas para comprobar que no sufría infecciones y fue alimentado mediante suero hasta que pudo comenzar a comer por sí solo. Una vez que se comprobó que estaba en perfectas condiciones se decidió devolverlo al mar. Su entrada a las aguas ha sido grabada en vídeo con una cámara submarina con el fin de monitorear y analizar los primeros pasos de su vuelta al medio natural tras la recuperación.

La mayoría de estas tortugas proceden de alguna zona de reproducción de Centroamérica –aunque también pueden proceder de Cabo Verde o el Mediterráneo oriental-, y cruzan el Atlántico como juveniles para alimentarse en el Mar Mediterráneo, mientras que ya de adultas vuelven a sus zonas de reproducción.

Esta especie es la más pequeña entre las tortugas marinas, con una longitud que puede llegar a los 120 centímetros y su peso a los 120 kilos. Su esperanza de vida oscila entre los 47 y los 67 años, mientras que el que nos ocupa es un ejemplar joven, de dos a tres años de edad, cuya longitud al momento de ser hallada era de 28 centímetros. La tortuga boba es abundante en el Mediterráneo, donde es valorada porque se alimenta de medusas y ayuda a reducir su población.